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El #GipsyFilter revela la hipocresía de la discriminación étnica en las redes sociales

Una de las cosas que más valoro en publicidad es su función social y su capacidad para dar voz a grupos minoritarios que por si solos no pueden hacerse ver, ya sea por insuficiencia de recursos como por escasez de visibilidad o presencia mediática. Es fundamental que todos nos apoyemos los unos a los otros y estemos respaldados por una comunicación plural que nos mantenga visibles a los ojos del mundo.

Y bueno, todo esto viene a razón de haber visto una campaña digital que ha llevado a cabo la Fundación del Secretariado Gitano junto a la agencia de contenidos digitales Socialmood y que tiene como fin fomentar valores solidarios entre los más jóvenes en un contexto donde el aumento de las nuevas tecnologías se ha convertido en un terreno peligroso que favorece la propagación de discursos racistas y ataques a todo tipo de colectivos y minorías, discriminándolos por falta de cultura. Y es que lo que hace falta no son tomar medidas legales a posteriori, sino llevar a cabo acciones preventivas basadas en la educación y el adoctrinamiento de conductas que sean verdaderamente beneficiosas para el conjunto social. Y eso es exactamente lo que ha preparado Socialmood para su cliente. Se trata de una acción digital que pretende utilizar los mecanismos propios de Instagram, Facebook y Twitter para comunicar el mensaje. A través de un landing page donde cualquier usuario puede “poner un filtro” a sus fotografías personales para compartirlas en sus perfiles. Y os preguntaréis: ¿y que tiene de nuevo todo esto? Bueno, la cosa es que no es un filtro cualquiera, sino uno que se basa en el estereotipo de que todos los gitanos y gitanas son morenos: el #GipsyFilter te broncea y te da ese color “moreno gitano” que todos creemos que es característico de la comunidad gitana pero eso no es así. Al parecer la mayoría no sabe que no todos los gitanos son morenos. ¿En serio? Pues sí.

Para poder potenciar la difusión de esta ingeniosa campaña y dirigirse a una gran cantidad de usuarios de las RRSS, durante la última semana de septiembre recurrieron a varias bloggers e influencers del mundo de la belleza y la moda que compartieron con sus seguidores alguna que otra fotografía con el #GipsyFilter. Además, adjuntaban el enlace a http://gipsyfilter.com para que cuando probasen el filtro y diesen al botón de compartir, les saliese un pop up que les revelaba el verdadero motivo de la página.

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Pero la campaña no acabó ahí. La segunda fase tomó forma el 7 de octubre a través del hashtag #NoFitersFilter y pretendía desvelar a todo el mundo la verdadera intención oculta del #GipsyFilter.

La denuncia de todo esto no puede ser más clara: somos hipócritas. Discriminamos a alguien por su tono de piel, pero luego por puro “postureo veraniego” nos echamos cien filtros encima en nuestras fotos de Instagram para mostrar una imagen de nosotros mismos distorsionada, pero claro, eso no es motivo de discriminación, ¿no?

Este mismo discurso también podríamos aplicárselo a otros muchos colectivos minoritarios que no son gitanos y que también reciben el odio injustificado de las masas simplemente porque tienen otro color de piel, visten diferente o piensan diferente.

En fin, como diría el gran Martin Luther King: “Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos”.

Respect

 

 

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