IKEA satiriza el mundo foodie de Instagram evocándonos al siglo XVIII

¿Recordáis cuando no existían los smartphones? Vaya tiempos aquellos, eh. Parece como si llevásemos toda la vida en el mundo digital y apenas llevamos una década (en cuanto a RRSS y demás se refiere). Nuestra forma de relacionarnos con nuestro entorno ha cambiado por completo. Ya no nos comunicamos igual que antes ni interactuamos igual con el mundo sensorial que nos rodea. Antes uno salía con alguien a comer o cenar y disfrutaba de la compañía del otro e incluso saboreaba lo que estaba degustando, pero esto ya no es así. Todo ha cambiado para bien o para mal. Ahora lo normal parece ser quedar para ir a un sitio y fotografiarlo todo, incluso lo que comes. Nos hemos convertido en adictos del mundo de la imagen. Queremos inmortalizar todo lo que pasa constantemente en nuestras vidas. La nostalgia ahora es más fuerte que nunca y eso las marcas lo saben.

Instagram, la red social del “fotografo”, es la herramienta principal de uso de este perfil de  público. Foodies les llaman, erróneamente, porque el que es foodie no solo se dedica a hacer fotos de todo lo que come, sino que, de alguna manera, es un coolhunter del mundo gastronómico.

Si aún no sois conscientes de que esto de fotografiar comida se nos está yendo de las manos,  tan solo tenéis que realizar la búsqueda de hashtags como #food o #foodie en Instagram para ver la cantidad abrumadora de fotografías dedicadas al culto del postureo.

IKEA, siempre preocupada por las familias y por todo lo que sucede en las casas, se ha dado cuenta de que esto no puede seguir así. Por eso, con mucho ingenio, ha sabido como buscar una forma atractiva y exagerada para que nos demos cuenta de lo ridículo que es capturar con nuestros smartphones/cámaras todo lo que ingerimos y lo mucho que nos perdemos por ello. La agencia sueca Acne ha sido la encargada de obrar la magia.

“Let’s Relax” (“Vamos a relajarnos”) nos evoca a la Europa del siglo XVIII, una época pasada cargada de excesos, quizás una de las que más, en la que la nobleza se hinchaba a beber y a comer en sus lujosos palacetes mientras que el pueblo llano no tenía ni pan de ayer ni de anteayer. No existía la fotografía y la única forma de arte conocida se basaba en la destreza del pintor sobre el lienzo. Entonces, os preguntaréis: ¿qué tenía que hacer un foodie del siglo XVIII para mostrar a todo el mundo lo que ha comido? Ved el spot y lo averiguaréis. Es genial.

Poco que decir queda de lo demás. La calidad del spot es incuestionable. La dirección fotográfica y artística son de película, te atrapan por completo como si de una función teatral se tratase. La verdad, anuncios como este se hacen cortos.

En fin, larga vida a la publicidad de IKEA.

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